Antes de ir al punto de salida he pasado por la meta para ver esa cinta horizontal. Por primera vez, tengo la certeza de que, antes de caer rendido, hoy, por fin, la rompo yo.
En la lÃnea de salida hago estiramientos mientras los minutos corren la cuenta atrás. Visualizo mentalmente la llegada abarrotada de gente. Me imagino cayendo al suelo una vez cruzada la meta, y tumbado en el suelo todos me miran y los fotógrafos se me acercan para inmortalizar el momento.
Suena el pistoletazo y corremos animados por los espectadores. La idea de ir en cabeza es muy tentadora, pero debo guardar fuerzas para aguantar toda la carrera. Voy subiendo el ritmo progresivamente y voy adelantando a otros corredores más rápidos.
Giro la esquina, y ahà está. Corro los últimos 100 metros más tensos y veloces que nunca he recorrido. Y llego, y cumplo un sueño.