Ese dÃa fui él, aunque no fuera lo mismo, y corrà las calles como si llevara sus piernas, y sudé lo mismo que si tuviera su frente, hasta caer exhausto al atravesar la meta en el Paseo de San Antonio. Ese dÃa fui él, aunque no llegué el primero, ni el segundo, ni el décimo; aunque jamás estuve entre los de cabeza ni batà ningún récord personal. Ese dÃa fui él aunque jamás habÃa corrido la San Silvestre Salmantina, ni me gustaban las carreras, ni pasaba los domingos pateando junto al Tormes para superarme a mà mismo. Ese dÃa, lo sé, él también estuvo allà y me dio sus fuerzas para atravesar las avenidas, porque yo solo jamás lo hubiera conseguido. Y ahora sabe que no dejó de vivir tras el accidente, porque aunque ya no esté entre nosotros vivirá siempre en mi memoria.