27 DE DICIEMBRE DE 2026

Salí de casa con el tiempo justo para incorporarme a la carrera de San Silvestre. Había quedado con Luis y Antonio, pero les mandé un whatsapp para que no me esperaran. Cerré la puerta de casa y cuando estaba echando la llave, me di cuenta que no había cogido la cartera. Dudé, pero bajé las escaleras de cuatro en cuatro. Otro minuto perdido y no llegaría. Me puse la mochila a la espalda y cogí un atajo. No había nadie. Un chico trajeado se me acercó y me preguntó la hora. Al tiempo que bajaba la vista hacia el reloj, me pidió la cartera, navaja en mano. Forcejeamos, sentí una punzada y la tibieza de la sangre invadió mi camiseta.
Desperté en el hospital horas más tarde. Mis amigos estaban allí con un ramo de flores. Había ganado la carrera a la vida. Por hoy sería suficiente.