Salà de casa con el tiempo justo para incorporarme a la carrera de San Silvestre. HabÃa quedado con Luis y Antonio, pero les mandé un whatsapp para que no me esperaran. Cerré la puerta de casa y cuando estaba echando la llave, me di cuenta que no habÃa cogido la cartera. Dudé, pero bajé las escaleras de cuatro en cuatro. Otro minuto perdido y no llegarÃa. Me puse la mochila a la espalda y cogà un atajo. No habÃa nadie. Un chico trajeado se me acercó y me preguntó la hora. Al tiempo que bajaba la vista hacia el reloj, me pidió la cartera, navaja en mano. Forcejeamos, sentà una punzada y la tibieza de la sangre invadió mi camiseta.
Desperté en el hospital horas más tarde. Mis amigos estaban allà con un ramo de flores. HabÃa ganado la carrera a la vida. Por hoy serÃa suficiente.