27 DE DICIEMBRE DE 2026

La otra meta
El ritmo, un martillo en el pecho; las piernas de plomo. El cuerpo extenuado quería detenerse, pero la mente se negaba, luchando por seguir por las calles salmantinas.
Olvidé los dolores. El pelotón cruzó la Plaza Mayor hacia la calle San Pablo. Vi el Palacio de Orellana; siglos de historia latían bajo el asfalto. Al llegar a la ribera del Tormes, el aire cambió.
El río me devolvió la calma. El sol se arrugaba en la corriente, y el viento aspiró el sudor de mi rostro. Bajo mis pies, la hojarasca crujía, despertando la memoria del verano. La carrera era ahora un diálogo con la toponimia de la ciudad.
Mi cuerpo y mi mente se habían esforzado. ¿En qué posición estaba? Irrelevante. La meta no era la cinta o el podio. Disfrutar flotar en la historia era el verdadero premio. Lo descubrí en cada bocanada de aire junto al Tormes.