Llega la hora del pistoletazo y los nervios habÃan brotado poco antes en su interior. Ella sale despacio, quedando poco a poco rezagada. Es el momento del agobio, donde los más competitivos arrasan a los lentos y solamente le queda rezar por no recibir ningún codazo.
Ella era, ante todo, consciente de sus capacidades. SabÃa que iba a quedar en las últimas posiciones, pero eso no le importaba, simplemente disfrutaba. El principal motivo de su esfuerzo era lograrlo y, además, su propia satisfacción.
El ánimo del público a cada corredor, desde el primero hasta el último, le saca una sonrisa. Va chocando la mano a los espectadores más pequeños que lo están pidiendo, felices.
Finalmente, tras la lÃnea de meta le esperan los suyos, quienes la reciben con abrazos y besos. SÃ, esta vez ella también sube a su propio podio.