Hace casi siete horas que el último corredor cruzó la lÃnea de meta y, sin embargo, algunos seguimos animando en una carrera que parece no tener fin. En un principio nuestro aplauso era sincero. Aquella gente habÃa realizado un gran esfuerzo y nosotros, tal vez movidos por el entusiasmo, les habÃamos dedicado una agradecida ovación. Pero ahora, tras siete horas de aplausos y vÃtores, esto parece haberse convertido en algo personal. Ellos, por su parte, nos saludan una y otra vez con gestos que, lejos del agradecimiento, parecen ser una súplica para que lo dejemos ya y sin embargo da la sensación de que ninguno quiere ser el primero en abandonar el lugar. Sinceramente creo que todos estamos deseando irnos a casa pero dejarlo ahora serÃa asumir una derrota que no estoy dispuesto a aceptar.