27 DE DICIEMBRE DE 2026

Dorsal a la espalda, aquel corredor “de complexión recia, seco de carnes y enjuto de rostro”, más que participar en la Sansil, parecía sacado “exprofeso” de alguna novela antigua. Mientras los participantes realizaban sus calentamientos, emitía sentencias que nadie comprendía. Un galgo lo observaba atentamente. Por megafonía anunciaron que las mascotas no estaban permitidas. El extraño corredor maldijo a aquel “bachiller” vociferante, que pretendía separarlo de su chucho. La salida le pilló desprevenido. Logró recomponerse, y encabezando la carrera, extrajo de algún lugar de su extraña indumentaria una lanza, con la que retaba a gigantes y hechiceros. Un tropezón fatal acabó derribándolo contra el asfalto, siendo pisoteado por una avalancha de corredores, que no pudieron sortearlo a tiempo. Finalizada la prueba, un rechoncho asistente ayudó al maltrecho corredor a levantarse.
― ¡Me retiro, fiel amigo!
― “Tranquilo, mi señor, hasta la muerte, todo es vida”, sentenció completamente convencido.