Don Emilio se colocó en la lÃnea de salida, dispuesto a cumplir su penitencia. Llevaba el dorsal 666,aquello parecÃa una señal divina,el Jefe no querÃa ponérselo fácil.
SabÃa que aquella joven catequista estarÃa esperando en la meta,confiaba en el y no podÃa fallarle. Mientras el sudor le empapaba el rostro,rezaba pára que las fuerzas no le flaqueasen y cumplir asà su promesa»Si tu no puedes,yo correré por ti la San silvestre salmantina». Por un momento se arrepintió de aquellas palabras. Pero allà estaba, completando los últimos metros,con el corazón en la boca. Y allà estaba ella,emocionada sin creer lo que estaba viendo.Don Emilio se remango la sotana y con los muslos al aire y una sonrisa de satisfacción, cruzó la meta.
La joven miró al cielo y pensó» que baje Dios y lo vea».