¡Ladridos! Los perros han olido su rastro. Se acercan. Trata de correr más deprisa, aunque las piernas le pesan cada vez más. Corre. Corre. Corre, pero no consigue dejar atrás a los perros. Ya siente que le clavan las mandíbulas en los talones. Trata de correr un poco más. Los perros ladran enfurecidos. Ignorando el cansancio, apresura la carrera. Los perros están muy cerca. Ve a lo lejos su salvación. Sólo tiene que correr un poco más. Tiene a los perros encima. Realiza el último esfuerzo.
El corredor cruza la meta. Se detiene y respira de manera entrecortada. Alguien le entrega un ramo de flores. Poco a poco, recupera el aliento. Presta atención: ya no escucha a los perros.