La piedra te arranca hasta la última gota de sudor.
Dura, firme y vetusta, espera tus pisadas, las de todos. Diciembre la enfría; los aplausos no la ablandan. La piedra no entiende de marcas, de disfraces ni de promesas. Solo conoce el peso de cada pisada.
Por ella han volado los primeros corredores; han marcado su ritmo seguro los aficionados que sueñan con ser profesionales; han pasado los recién iniciados, los disfrazados, los que caminan porque la piedra se quedó con sus fuerzas.
La piedra lo sabe. Es inclemente y no descansa, pero también es bondadosa: te recuerda que, una vez pasada, queda menos camino.
La última piedra te sonríe. Un año más lo has conseguido. Cruzas la meta y todavía la llevas en las piernas.
El año que viene seguirá allí.
Como tú. Como todos.