27 DE DICIEMBRE DE 2026

La primera vez que corrí, correr de verdad, fue aquél día invernal por mi octavo cumpleaños que se me ocurrió birlar unas chocolatinas en la tienda de Diego. Me pilló escondiéndolas en el bolsillo y saltó por encima del mostrador, con su enorme panza rebosando bajo la camisa, al grito de “como te coja te mato”. Yo, que nunca había hecho algo así, de los nervios, en lugar de girar a la izquierda, cuesta abajo, lo hice a la derecha, teniendo que subir la empinada calle a la velocidad que daban mis endebles piernas. Lo pasé tan mal que desde ese día fui corriendo a todas partes, por si volvía a verme en una de esas…
Y aquí estoy, haciendo mi vigésima San Silvestre, para intentar mejorar mi quinto puesto; mientras, en Meta, esperan las personas importantes: Diego, su hija —que es mi mujer—, y nuestra pequeña Alba.