Basabe se calzó sus zapatillas viejas.Ya tenian muchos kilometros en las suelas de goma que le habia remendado mil veces Luis,el zapatero. TenÃa que correr. Lo habÃa prometido y una promesa es una promesa. HabÃa dado una nueva ilusión a los niños de la calle. Se juntaban en la Milagrosa todas las tardes para correr y charlar. Aquel último dÃa del año iban a correr todos juntos por las calles de Salamanca. Cuando llegó ya le estaban esperando los chavales. Se pusieron a correr en silencio. De la gente que les veÃa pasar,algunos les miraban sorprendidos, otros les animaban y varios empezaron a correr con ellos hasta formar un grupo numeroso.Cada uno corrÃa por un motivo diferente, pero corrian, dejando atras sus preocupaciones y penas. Basabe no podÃa ser mas feliz