27 DE DICIEMBRE DE 2026

La San Silvestre era todo para su padre desde que los presentaran aquel 30 de Diciembre de 1984, pero justo el día de su trigésimo cuarto aniversario él falleció dejándola plantada, vestida y alborotada. Afligido, esa misma noche, volvió de entre los muertos, colándose en sus sueños, para pedirle que a partir de ese momento cortejara en su nombre a tan enérgica y decidida dama, pues no podía permitir que ella sintiera su ausencia como sinónimo de indiferencia. Y Hugo, sin forma ni condición, aceptó de corazón, buscando enseguida al mejor instructor. Resultaba duro ponerse las deportivas después de un largo día de trabajo, mas no podía fallarle a su héroe.
Sin apenas darse cuenta el día de la carrera llegó y ella, agradecida, le premió tan noble gesto guiándole hasta el ángel con el que compartiría su vida, exactamente cómo hizo con su padre treinta y cinco años atrás.