Aburrido de permanecer sentado durante tanto tiempo, Gonzalo descruzó las piernas y abandonó el local. Nunca habÃa sido un hombre de acción, pero se sentÃa totalmente agarrotado, tras el largo perÃodo de inactividad transcurrido desde que ocupara de forma permanente aquel lugar privilegiado en el café Novelty. Un cuarto de siglo habÃa bastado para que el admirado profesor alcanzara la condición de hijo adoptivo de aquella ciudad histórica. Muchos habÃan sido los premios y galardones concedidos en vida, pero sentÃa una espinita clavada aguijoneando su reposo eterno. Nadie hubiera reconocido al prolÃfico escritor sin sus gafas de gran miope, el elegante bastón y el clásico traje de paño. Ataviado con ropa deportiva y luciendo lentillas, escudriño, clarividente, la calle abarrotada e impaciente y se dispuso a correr su primera San Silvestre, antes de que Castroforte de Baralla notara su desaparición y se ensimismara en descubrir la causa.