27 DE DICIEMBRE DE 2026

Aburrido de permanecer sentado durante tanto tiempo, Gonzalo descruzó las piernas y abandonó el local. Nunca había sido un hombre de acción, pero se sentía totalmente agarrotado, tras el largo período de inactividad transcurrido desde que ocupara de forma permanente aquel lugar privilegiado en el café Novelty. Un cuarto de siglo había bastado para que el admirado profesor alcanzara la condición de hijo adoptivo de aquella ciudad histórica. Muchos habían sido los premios y galardones concedidos en vida, pero sentía una espinita clavada aguijoneando su reposo eterno. Nadie hubiera reconocido al prolífico escritor sin sus gafas de gran miope, el elegante bastón y el clásico traje de paño. Ataviado con ropa deportiva y luciendo lentillas, escudriño, clarividente, la calle abarrotada e impaciente y se dispuso a correr su primera San Silvestre, antes de que Castroforte de Baralla notara su desaparición y se ensimismara en descubrir la causa.