Cruzó la puerta del CES. Quedose a su espalda. Comenzó a correr. Sus lentos pasos pesados iban dejando atrás, tirados sobre el suelo pisado, pedazos de jirones de su alma destrozada. Mientras avanzaba, una extraña sensación rebosaba la plenitud de su corazón. Con la única compañÃa del aturdimiento, en ese luengo paseo de pasos perdidos, no lograba comprender a dónde le llevarÃa…
Tras un perÃodo ocupado de dÃas, semanas y meses…
Fiel, repitió.
Tomó aquel suelo pisado, encarado; y poseyó sus pasos lentos y pesados, convertidos en rápidos y ligeros, que guardaban dentro de sus genes los pedazos de jirones que atrevidamente en secreto florecieron en aquello que no esperaba.
Dulcificado aleteo de mariposas fluÃa por su interior. Una edición más. La misma puerta, ahora de frente, se abrió.
Cabalmente, trescientos sesenta y cinco dÃas de gestación, y otra vez, nuevamente, dejaron un antes avivando el parto de un después.