Me preparo con entusiasmo para la próxima San Silvestre Salmantina. Siento la emoción vibrar en el ambiente mientras entreno en las calles de mi ciudad. Cada carrera que hago me acerca más a ese día, donde miles de zancadas se unen en una fiesta de deporte y superación.
La San Silvestre es mi cita anual con la amistad y la solidaridad. Veo a mis compañeras y sé que compartimos este mismo espíritu. Es una carrera que abraza a todas: a las rápidas y a las que simplemente quieren llegar a la meta. El valor de esta experiencia no está solo en el tiempo que hago, sino en la energía colectiva, en la sonrisa compartida en cada kilómetro. Cuando cruzo la línea de meta, sé que he ganado más que una medalla; he ganado la satisfacción de un esfuerzo bien hecho y la promesa de seguir en movimiento.