27 DE DICIEMBRE DE 2026

Dos despertadores, por si acaso. Sé que tú no los necesitabas, pero ante mi primera vez, temía dormirme. Me coloco el dorsal con tu número de siempre. Los organizadores de la carrera me lo reservaron al saberlo. Mis riñones me permiten moverme rítmicamente; lo he comprobado estos últimos meses, no sin asombro. Sabes que yo de atleta no tenía ni un pelo. ¿Te acuerdas cuando bromeábamos sobre cómo la carga genética deportista se había quedado en tus entrañas? Mi trote máximo estaba en 60 pasos por minuto. Y tú, cómo reías… Hasta que la nefropatía crónica se reveló.
Tus años de corredor de la San Silvestre Salmantina se truncaron por una miocarditis a finales de febrero. Eras mi donante programado, y yo sin saberlo. Desde hace tres meses no paro de correr, me parezco a ti; estarías orgulloso, papá. Tu alma inmortal se agitará hoy sudorosa de nuevo. Gracias.