Dos despertadores, por si acaso. Sé que tú no los necesitabas, pero ante mi primera vez, temÃa dormirme. Me coloco el dorsal con tu número de siempre. Los organizadores de la carrera me lo reservaron al saberlo. Mis riñones me permiten moverme rÃtmicamente; lo he comprobado estos últimos meses, no sin asombro. Sabes que yo de atleta no tenÃa ni un pelo. ¿Te acuerdas cuando bromeábamos sobre cómo la carga genética deportista se habÃa quedado en tus entrañas? Mi trote máximo estaba en 60 pasos por minuto. Y tú, cómo reÃas… Hasta que la nefropatÃa crónica se reveló.
Tus años de corredor de la San Silvestre Salmantina se truncaron por una miocarditis a finales de febrero. Eras mi donante programado, y yo sin saberlo. Desde hace tres meses no paro de correr, me parezco a ti; estarÃas orgulloso, papá. Tu alma inmortal se agitará hoy sudorosa de nuevo. Gracias.