La invadieron los nervios. ¿O fue la emoción? En su breve cuerpo no cabÃan los dos. El mundo la llamaba frágil, pero el bullicio de la San Silvestre le gritaba «Â¡Fuerte! ¡Fuerte, valiente y valiosa!» Huyeron espantados los nervios, corrió embravecida la sangre: pistoletazo y salió corriendo su corazón. Y todos los corazones del Paseo de San Antonio.
Fue veloz. El reloj no se sorprendió de verla tan pronto y el lazarillo vitoreó a su paso. ¡Y qué paso!, ¡volaba!
El cansancio trató de alcanzarla en Libreros «Â¡La primera, Silvestrina!», clamaron los estudiantes. Renovada, esquivó a su perseguidor y ya no se detuvo. Corrió y corrió y cruzó la meta con un grito que llenó el cielo de Salamanca. Mil rostros se alzaron para verla volar y La Silvestrina canturreó, sabiendo que no recibirÃa trofeos, pero segura de que, algún dÃa, San Silvestre al fin admitirÃa la participación de golondrinas.