“Sólo podréis entenderlo si corréis conmigo”. Eso nos decía mamá de pequeños, con la voz entrecortada mientras se apoyaba en sus piernas flexionadas, cuando preguntábamos por qué sonreía tan feliz después de la carrera, si no había ganado nada. Y era verdad, no lo entendimos hasta que no empezamos a correr con ella muchos años después. Y ahora, cuando sus problemas de salud le impiden acompañarnos en cada San Silvestre, pero nos anima con la bufanda y los guantes puestos, esperándonos en la meta, es cuando más valoramos ese momento en el que nos enganchó a esto. No llegaremos los primeros, ni los segundos, pero mis hermanos y yo por fin sabemos lo que significa esta sonrisa en nuestras caras al acabar, que para el resto de la gente se conoce como superación personal.