27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cada año, Faustino regresaba a la San Silvestre Salmantina. En vida, nunca había logrado terminarla: una torcedura, un calambre, una lluvia torrencial… siempre algo. Pero ahora, como fantasma tenaz, podía correr sin cansarse. Ese año se cumplía el XL aniversario y se propuso el mayor reto de su vida, bueno, en realidad de su muerte: ganarla. Atravesó muros, atajó por calles que no estaban en el recorrido, esquivó corredores y, finalmente, llegó el primero. Triunfante y olvidando su etérea condición, se quedó esperando los aplausos, las fotos, el reconocimiento que nunca tuvo en vida. Pero nadie notó su presencia. Aunque era un espectro, sintió un escalofrío de vergüenza, porque había hecho trampas. Arrepentido pensó: «El próximo año seré honesto… y con suerte, quizá haya algún médium entre el público, que valore mi esfuerzo». Y se fue corriendo como alma en pena.