Cuando fue a recoger el dorsal se sintió estúpido. Siempre le habÃan dicho que para ganar, hacÃa falta esforzarse, sacar matrÃculas de honor, hacer un máster, hablar varias lenguas , tener iniciativa y trabajar mejor que nadie. sSin embargo para correr solo hacÃan falta unasmalditas zapatillas. La estrategia estaba fuera de lugar. La distancia era igual para todos.La dificultad residÃa en la forma de administrar las fuerzas. Se habÃa inscrito en la San Silvestre Salmantina por recomendación de su terapeuta. Quiso confesarle el miedo al fracaso antes de la maratón pero no lo hizo. Miró a los corredores. ParecÃan disfrutar de los momentos previos a la competición. Aunque no ganaran. Entendió que tanto en la salida como en la meta todos habÃan hecho lo mismo, correr tras un sueño ,que, tras alcanzarlo, era pasado, apenas un instante de gloria al romper la cinta.