27 DE DICIEMBRE DE 2026

Ella era atleta profesional. En su país, los bebés que reunían condiciones genéticas para alguna especialidad atlética, eran entrenados duramente desde la infancia. En su caso, triple salto. El problema de tal especialización era el casi nulo desarrollo de otras disciplinas.
Se había trasladado a Salamanca este año. Y la convencieron para correr la San Silvestre. Comenzó la carrera y, tras quince pasos de aceleración, se impulsó para efectuar los tres saltos de marras. Aterrizó en el duro y frío asfalto; unos rasguños, pero tenía afán de superación. Se levantó y, de nuevo, procedió con la rutina. Más de doscientas repeticiones después, consiguió atravesar la línea de meta. El atronador aplauso del público compensó con creces el dolor de su cuerpo, desollado tras tantos intentos.
Estaba tan eufórica, que recomendaría la experiencia para el año siguiente a sus mejores amigos compatriotas: Mirun, discóbolo y Sargiil, saltador de pértiga.