27 DE DICIEMBRE DE 2026

El aire helado cortaba las mejillas, pero nadie pensaba en detenerse. Salamanca vibraba con cada zancada, con cada aliento compartido. Ana llevaba meses preparándose para su primera San Silvestre Salmantina. Dudó en la salida, pero la multitud la empujó a creer.

Subiendo hacia la Plaza Mayor, las piernas le pesaban como plomo. Quiso parar. Entonces escuchó un grito entre la gente:
—¡Vamos, que ya está hecho!

No reconoció la voz, pero sonó como si toda la ciudad la alentara.

Respiró hondo, levantó la vista y corrió. El arco de meta apareció entre luces doradas y aplausos.

Al cruzarlo, no ganó una medalla: ganó la certeza de que la fuerza no estaba en sus piernas, sino en no rendirse cuando más dolía.

Y mientras el reloj marcaba el nuevo año, Ana supo que también podía empezar de nuevo.