Estuve observando a todas aquellas personas que no tenían nada de atletas más que la intención. Grupos disfrazados, madres y padres con niños pequeños… No entendían lo que significa participar en una carrera, no comprendían el arte de la velocidad.
Se anunció la salida y corrí para sacar una ventaja inicial. Apenas una decena de corredores destacábamos entre la manada de personas. Aquello era sencillo, apenas tenía competencia.
Sonreí con autosuficiencia durante el resto de la carrera. Mantuve el ritmo hasta el final. Apenas tuve que esforzarme y llegué a la meta entre los tres primeros. Sin embargo, nadie me esperaba allí.
Descansé esperando sentir la satisfacción de llegar en una buena posición, pero no fue así. Mirase donde mirase solo veía gente divirtiéndose, con sus amigos y familias. Comprendí entonces, que eso era lo que quería, divertirme y compartirlo.
—Has corrido muy bien —escuché.
Me habían dado una oportunidad.