Su respiración produce caprichosas volutas de vaho que van quedando atrás esa fría mañana de febrero.
Los pasos: uno tras otro, asentados firmemente en el asfalto; la respiración: acompasada y regular; la vista: clavada en el horizonte.
Sabe que la meta está lejos, en distancia y en el tiempo. Son muchos kilómetros de prueba y muchos meses hasta que se celebre la Vuelta Popular San Silvestre Salmantina. La preparación es vital.
Sus rivales corren con él, como todas las mañanas. Él les ignora. Se concentra en cada zancada, cada latido, cada inspiración. Pero allí están. Sus rivales son sus debilidades, sus limitaciones… Y necesitará de toda su fuerza para vencer a esa voz interior que le dice que no puede llegar más lejos, que no puede correr más rápido, que se detenga y deje de castigarse.
Si lo consigue habrá ganado. Aunque llegue el último.