Quisiera tener varias sonrisas de recambio para poder ahogar en sal las lágrimas que anegan mi alma.
Yo siempre he permanecido aquí, en mi barrio, en mi casa, en mi cama, postrado por esa enfermedad que me robó la vida sin apenas haber tenido tiempo para saborearla como merece.
Para mí los días y las noches se suceden tras la ventana en una letanía confusa que nunca tuvo principio y que supongo nunca alcanzará un final.
Y en esa sucesión de horas, en ese desfile interminable de minutos, a veces acierto a recordar un viejo sueño que se repite cada vigilia sin que logre asirlo a la memoria, una fugaz idea que alumbra el firmamento de mi nada.
La meta.