—¡Abuelaaa…! me despertaste en el mejor momento y habÃa ganado. —dijo Dennys refunfuñando.
—Y dale con lo mismo, ya te sorprenderé. —contestó ella.
La parte que más disfrutaba era en la que se llevaba la cinta de la meta pegada a su abdomen. VivÃan en Salamanca y deseaba ser corredor. Llegó de la escuela y sobre su cama habÃa una caja con un sobre. La abuela estaba escondida. Era un par de tenis. Abrió el sobre y para su sorpresa era la letra del abuelo: Muchachón si estás leyendo esto ¡Ya usas mi número de calzado!. Espero que compitas este año. Dennys lloró de felicidad. La abuela salió y se abrazaron. Ese año ganó La San Silvestre Salmantina. Años después siendo un gran atleta volvió a Cuba y visitó la tumba del abuelo. Dejó allà sus medallas y la cinta ganada en su primera carrera: La San Silvestre y Salmantina.