En la búsqueda de la felicidad, encontré que no tenía nadie a quien amar, mi padre había muerto y mi madre nos abandonó desde que era pequeña. Las lágrimas desbordaron por mis mejillas al saber que estaba sola, me ahogaba en esa inmensa soledad a la que nunca había estado acostumbrada, mi llanto reflejaba esa tristeza de la que me era imposible escapar, quería dormir y despertar pensando que no había pasado nada, pero ya no me pude levantar, mis piernas estaban pesadas y bajo mi cuerpo se encontraba mi padre sangrando de esa bala que le atravesó el corazón. Creí que estaba soñando, pero era mi alma la que miraba a ese cuerpo recostado sobre los brazos de ese hombre al que tanto amé. Era mi padre, un hombre bondadoso y noble del que sólo me quedan recuerdos que juntos llevaremos hacia la tumba.