27 DE DICIEMBRE DE 2026

Lo había intentado todo durante varias ediciones. Tomarse un vaso de noventaiocho, en ayunas, justo antes de la carrera. Seguir el ritmo a dos constructores que corrían convencidos de que al ganador le concederían una recalificación de terrenos. Correr detrás de un equipo de campeonas de atletismo y delante de otro de policías. Incluso había llegado a entrenar. Pero nada. No había forma de ganar la San Silvestre.
Lo daba todo por perdido cuando, a quince días de celebrarse la carrera, se enteró de la noticia. La organización había decidido cambiar el punto de salida. En esta edición estaría a diez metros escasos de la casa de su jefe. Ya solo le quedaba decirles a su mujer y a su hija que le esperasen en la meta para celebrarlo. El resto sería dejar atrás las cosas que siempre había odiado y acercarse cuanto antes a las que más quería.