27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me compré aquellas deportivas de importación para correr la San Silvestre. El vendedor me dijo que, al ser diseñadas por la NASA para equipar a los primeros colonos de Marte, eran lo último en tecnología. Incluso traían un manual de instrucciones que recogía las múltiples funciones de los microchips incrustados en sus medias suelas. En el Paseo de San Antonio, minutos antes de comenzar la carrera, accioné uno de los botones del control remoto y las deportivas se hincharon ligeramente, produciendo en mis pies una grata sensación de descanso. Luego, sus finísimas lengüetas de carbono empezaron a vibrar, masajeando mis empeines. Incluso la melodía de “Carros de Fuego” emergió de unos diminutos altavoces disimulados en sus punteras. Lástima que me descalificaran porque los pequeños motores a reacción, camuflados en sus ergonómicos talones y alimentados con el sudor de mis pies, comenzaron a arder cuando me disponía a ganar la carrera.