Tras el disparo, los corredores no se empujaron. Paseaban sin prisa y,aunque el público animaba,iban mirando acá y allá, parándose para realizar selfies, firmar autógrafos y sonreÃr sin saber por qué. A los grandes velocistas les costaba andar tan despacio pero las reglas eran las reglas -dijeron cuando les preguntaron los organizadores. Al coger el dorsal no habÃa dudas. GanarÃa la San Silvestre el corredor más lento. Tiempo hubo para echar instancias e interponer recursos a unas normas tan absurdas.De pensar que solo siendo el peor y menos competitivo se consigue ganar. Nadie se ha hecho responsable de la travesura porque si confiesa,también pierde el anonimato.