Siempre se ha dicho que el deporte mantiene rejuvenecido el
cuerpo y el alma, que la vida da muchos giros y hay que sujetarse a
ellos.
Asà lo entendÃa Helena, por ello tomó su vieja bicicleta, llena
de tela de arañas y con las cadenas oxidadas, que guardaba como una
reliquia en su cochera. Ese viejo corcel con el que tantos giros le
habÃa dado a su vida, durante su niñez y su adolescencia. Y que una
vez más la acompañarÃan en otra de sus aventuras, en un recorrido de
fantasÃa, por lo que quizás serÃa su último giro a la rueda de la
vida.
Ella tenÃa 90 años y nunca se rindió ante ningún obstáculo, hoy
aún se puede sentir su espÃritu, cabalgando en su corcel de dos
ruedas, por los campos de antaño, por las vueltas de la vida.