Ángela corre con las zapatillas de la rabia, las de la victoria del amor propio. Se acabaron los disfraces y el carnaval de espejos ajenos. Es hora de romper los traicioneros espejismos. La ternura se suda y resbala por las henchidas carnes, y el temor es un enano engreído con flato. Ángela aprieta los puños. Golpea el desamor, y bombea la savia nueva con cada zancada. Esa es su elección, no dará la espalda a la esperanza, pisando los rumores clandestinos a su paso. Hace tiempo que entrena a sonreír. Los demás nos limitamos a juzgar y a jugar con la vida de otros. Ángela corre con la ventaja del perdedor, porque sólo ya queda ganar. Vencer es acabar. Acabar es su impulso .Se acabó agachar la cabeza.
Siempre acostumbrada a la soledad, ser una corredora de fondo era cuestión de tiempo. Auténtico, profundo, fondo.