Su suela, gastada por innumerables juegos callejeros, habÃa visto más calles de Salamanca que cualquier otro niño. Hoy, sin embargo, tenÃan un nuevo propósito: contemplar la San Silvestre. Desde los pies de un pequeño, observaban con envidia a los corredores que pasaban a toda velocidad. Los colores brillantes de los dorsales y la energÃa de la multitud los hacÃan soñar.
Cuando un grupo de niños comenzó a correr en paralelo a la carrera, las zapatillas no pudieron resistirse. Con cada zancada, sentÃan la ilusión de alcanzar la meta. El viento les azotaba el rostro, llevándoles el olor a sudor y a adrenalina. Por un instante, fueron parte de aquella fiesta. Pero al final, regresaron a sus pies, contentos de haber vivido esa aventura, aunque fuera desde la acera. SabÃan que la próxima San Silvestre volverÃan a soñar con cruzar la lÃnea de meta.