27 DE DICIEMBRE DE 2026

Siempre había mirado las zapatillas de su padre como si fueran un gran tesoro. Allí colgadas tras la puerta de entrada, llenas de barro, sucias y mugrientas habían sido testigo de muchos caminos aún desconocidos para él. Poco a poco fue creciendo y la distancia entre las zapatillas y él se fue disolviendo. La mañana amaneció con niebla, pero no importaba, todos dormían. Se encontraban solos las zapatillas y él. Las cogió con fuerza, se las calzó velozmente y salió a correr como cada mañana solía hacer su padre. Tras varias caídas, tras jadeos de cansancio y agotamiento general supo que quizás aquellas zapatillas no eran aún para él.