Los primeros pasos fueron difÃciles. Comencé caminando. Poco a poco. Paso a paso. Latido a latido. Sentir movimiento en mis piernas, el corazón acelerando y los pulmones llenándose de oxÃgeno.
Ha pasado más de un año. DÃas de miedos e incertidumbres. Batas blancas, mascarillas, bolsas de basura y voces alrededor. La soledad de estar boca abajo en salas desconocidas. La ausencia de una mano querida que sostenga los dolores. La presencia irremediable de un virus peligroso y la inseguridad de no saberse un claro vencedor.
En mitad de la batalla, un recuerdo, muchas emociones. Sentir el aire en la cara, el bullicio, la alegrÃa, escuchar voces de ánimo y disfrutar de los disfraces asistentes.
Aquel recuerdo me salvó, me aferré como naufrago en mitad de la tormenta. Gracias a él, soy feliz en una carrera. Gracias a él, hoy me siento vivo en mitad de la San Silvestre Salmantina.