Apenas unos pasos tras el disparo de salida y ya siento el poder incontrolable de los latidos. Un indescriptible motor enérgico que me pone totalmente en circulación. Una fuerza inexplicable que no habÃa sentido nunca antes, y que me empuja un año más a comenzar esta carrera. Y aunque el ritmo que llevo es más lento y cadencioso que en anteriores ocasiones, también es más seguro; y mis pasos más firmes.
Noto mi pulso acelerado. La ropa ancha rozándome la piel con cada zancada. Pero prosigo la marcha, más aminorada que en pasadas ediciones. No tengo prisa.
Y te toco. Te acaricio con la palma de mi mano. Sobre mi vientre, te siento: cerca, dentro. Y mientras sigo y sigo, mientras seguimos, recorremos, unidas, nuestra primera San Silvestre Salmantina juntas, hija.
Y cuando me quiera dar cuenta divisaré, a lo lejos, mi meta: al final del camino.