¡Bum-bump! ¡Bum-bump! Apenas quedan segundos para comenzar. No es la primera vez que me enfrento a una prueba así pero estoy nervioso. Mi corazón late deprisa. Mis piernas esperan, tensas, a que se dé el pistoletazo de salida para recorrer la ciudad entre el calor y el clamor de la gente. Ya no queda nada. Es la hora. Mis piernas se ponen en marcha una vez más, como si fueran meros autómatas, con el único fin de hacerme sentir especial al recorrer todos aquellos lugares repletos de gente que te llevan en volandas a la meta. Ya no estoy nervioso, quizá esos halagos y aplausos anónimos tengan mucho que ver.
¡Bum-bump! ¡Bum-bump! Mi corazón late deprisa por correr, por toda esa gente que te hace sentir, que te hace emocionarte mientras atraviesas las calles de Salamanca.