¿Cómo encapsular, en tan pocas palabras, los frenéticos latidos de seis mil corazones apasionados, el profundo retumbo de doce mil vigorosas piernas trotando, los agitados pestañeos de veinticuatro mil párpados sudorosos? Sonreirán estos Santos Inocentes ante la multicolor San Silvestre Salmantina. ¡Vaya fiestón Allá Arriba, al ver lo organizado aquí abajo! Por cierto, ¿liquidamos este año, amargo y siniestro, pateando calles como si pisoteáramos ponzoñosos mosquitos tigre? Naturalmente, aunque, corriendo, exudemos excesiva bondad festiva contra tanta corrupción desalmada, me temo.
El veintiocho estaré ahí, deseando que el sol nos acompañe, que los meñiques de nuestros pies aguanten y que mi dorsal acreditativo no sea impar o capicúa. (Tengo mis manías.) Aplaudiré sin parar, cuando rebase la meta, a quienes me hayan precedido. Buscaré viejas caras conocidas, para comentar que, como siempre, esta última “silvestre” ha sido la mejor. Y, en la despedida, brindaremos por un 2015 sin lesiones ni insectos.