27 DE DICIEMBRE DE 2026

Llegó la San Silvestre. Esa carrera que tantas veces había corrido y disfrutado. Esa que todos los años le hacía calzarse sus deportivas y salir a galopar. Hacía ya 10 que se dedicaba a organizar.
«Los años no pasan en balde» decía «pero, a mi, no me alejan de esto ni con agua hirviendo».

Unas horas más tarde:
– ¡Aupa! (Gritaba Julia).
Y de pronto, cayó. Calló.

– ¡Despierta!
– ¡Julia, despierta!
– ¡Por favor, despierta!
Sollozos a su alrededor, impotencia y desazón. Gritos de ánimo a los participantes, a la resistencia y la constancia.

Y así, el corazón de Julia dejaba de latir. Infarto fulminante. Antagónicas miradas de quienes conscientes de su fin, derramaban sus lágrimas; de quienes ajenos a la situación, sonreían y aplaudían a los valientes corredores que tras 10 km atravesaban la meta.

Entre antagonismos, ella, moría; y sonreía. Atletismo como forma de vida; atletismo, hasta su último día.