Corro. Mando una orden imperante a mi cerebro para que exija a mis piernas ir más deprisa. Acelero al instante y adelanto a un grupo de corredores que mantienen una marcha constante. La San Silvestre Salmantina es la carrera definitiva, en la que pongo a prueba la recuperación de mi rodilla derecha. Tras casi seis meses de dolorosa rehabilitación, me enfrento a este reto con cierto temor. Recuerdo al instante que el dolor está en mi mente y rezo interiormente para conseguir cruzar la meta. Noto que el leve pinchazo de hace unos minutos se ha convertido en un dolor punzante. Estoy justo en mitad de la carrera y siento que la rodilla se me va a resquebrajar de un momento a otro. Intento ignorar el agudo dolor que siento pero es imposible, chillo de dolor y rabia mientras mi cuerpo cae finalmente agotado al suelo.