Luego de varios meses en confinamiento y sin poder dar un solo trote en el reducido encierro de mi hogar, por fin he decidido dar un par de vueltas a la manzana, aunque mis piernas se encuentran algo oxidadas y el cubrebocas no me permite respirar con naturalidad, mi espÃritu lo amerita, al principio siento un poco de timidez, ya que después de tanto tiempo sin sentir dicho despojo me ha costado un tanto el despegar, pero ese miedo es breve, me encamino un tanto tambaleante, pareciera venado recién nacido, pero al poco rato despego firmemente en alto cual gacela andante entre la jungla de asfalto, después de tanto tiempo mi cuerpo ha vuelto a sentir al fin sus articulaciones funcionar, el sudor frio empapar mi rostro y mi alma, libertad.