27 DE DICIEMBRE DE 2026

La luz del sol acariciaba mi piel, el aire agitaba mi cabello. Olía a asfalto, sudor y hierba recién cortada. Rostros desconocidos aplaudían, gritaban, llenándome de energía. La libertad en mi pecho era tan intensa que dolía. Los corredores me adelantaban. Intenté hablarles, pero, como siempre, me faltaba el aliento. Me limité a disfrutar. Al fondo, la meta brillaba. Solo un poco más, pensé. Un esfuerzo más. El calor de los aplausos retumbaba como tambores de guerra. Un poquito más…
Cuando al fin llegamos, vi la cara de mi padre, sudando, sonriendo. El cansancio en sus ojos no opacaba su felicidad. Me dolía la cara de tanto sonreír.
— Gracias — pude decir al fin, mientras me besaba la frente y empujaba mi silla de ruedas hacia mamá, que nos esperaba con un par de botellas de agua.