El hombre del pelo blanco se acercó al contenedor y tiro el álbum de recuerdos. En la siguiente esquina le regaló el bastón y su forma de ver el mundo al primero que pasaba por la calle. Los sueños tuvo que convertirlos en pesadillas para poder librarse de ellos. Las ideas se marcharon solas, en realidad, llevaban media vida queriendo ser ideologías. Suspiró con alivió, se sentía mejor que nunca, como si hubiera perdido cien quilos de lastre. Continuó caminando en dirección sur con las manos en los bolsillos mientras silbaba una balada. Cuando llegó al paseo de San Antonio comenzaba La San Silvestre. Se detuvo y pensó que quizá fuera el momento más oportuno para que un anciano ligero los dejase a todos con la boca abierta, total, solo eran diez quilómetros, en media hora estaría de nuevo caminando hacia el mar.