La última vez que miré mi cronometro barato comprado en Decathlon marcaba 55 minutos.
Agaché la cabeza, apreté los dientes y seguí «trotando» hacia la meta, mi meta.
La carrera hacía tiempo que habia teminado, pero yo continuaba corriendo mi San Silvestre personal.
Hacía un par de años que me operaron de aquella dichosa enfermedad, y esto sería una muestra más de recuperación.
Cuando volví a levantar la mirada estaba ya a pocos pasos de la línea, allí estaban esperándome; mi mujer y mis hijos, dando gritos de ánimo y levantando las manos como si estuviese llegando en primer lugar.
En realidad, sí, fué una de mis mayores victorias.