27 DE DICIEMBRE DE 2026

Aunque siempre había envidiado las medidas de Jayne Mansfield, 102-54-89, Mónica, celebraba la llegada de San Esteban para echarse al empedrado y, así demostrar que, las suyas, 85-50- 82, podían competir con cualquiera. Incluso, con aquellas mujeres que, a veces, llegaban primero. Las que no tropezaban con el sube y baja de sus pechos. Esos, por los que era conocida en los ámbitos nocturnos de Salamanca.
Ya que, gracias a ellos, al amanecer, en el plato de la ducha, no se mojaba los pies. Un 37,5 en el caso de Mansfield. Un 41, en el caso de Mónica. Porque, aunque Jayne, fuese diez centímetros más alta, Mónica, conservaba el decoro de saberse, también, hermosa. Y, por lo tanto, cada San Silvestre, era para ella la constatación de que podía alcanzar la cinta de la meta gracias al roce natural de sus pechos. Esos que alquilaba a cincuenta euros la hora.