Aunque siempre habÃa envidiado las medidas de Jayne Mansfield, 102-54-89, Mónica, celebraba la llegada de San Esteban para echarse al empedrado y, asà demostrar que, las suyas, 85-50- 82, podÃan competir con cualquiera. Incluso, con aquellas mujeres que, a veces, llegaban primero. Las que no tropezaban con el sube y baja de sus pechos. Esos, por los que era conocida en los ámbitos nocturnos de Salamanca.
Ya que, gracias a ellos, al amanecer, en el plato de la ducha, no se mojaba los pies. Un 37,5 en el caso de Mansfield. Un 41, en el caso de Mónica. Porque, aunque Jayne, fuese diez centÃmetros más alta, Mónica, conservaba el decoro de saberse, también, hermosa. Y, por lo tanto, cada San Silvestre, era para ella la constatación de que podÃa alcanzar la cinta de la meta gracias al roce natural de sus pechos. Esos que alquilaba a cincuenta euros la hora.