Mi corazón bombea como si no hubiera un mañana, ya no siento las piernas, sólo el aire que entra y sale y el movimiento de mi coleta arriba y abajo. Pienso todo lo que he batallado para llegar hasta aquÃ. Cuántos madrugones, cuántos noes a mis amigos, cuántas grasas saturadas rechazadas, cuántas muecas de cansancio… Y todo, absolutamente todo, ha merecido la pena.
Estoy llegando a la meta, yo, quién pensaba que el deporte era sólo para unos pocos, quién fijaba los lÃmites antes de conocerlos, quién el miedo al ridÃculo bajaba mis alas, quién las comparaciones con los demás me empequeñecÃan… Lo confieso, correr me ha cambiado la vida.