27 DE DICIEMBRE DE 2026

Estaba listo para subir al pódium. Lo tenía todo, yo me preparaba para completar la prueba, él para ganar. En cada entrenamiento dejaba el corazón, ponía el alma. Hoy en la partida estuve solo y, con cada metro que pasaba y con cada competidor que quedaba atrás veía su ausencia incrustarse en mis ojos y querer chorrearse en cascada. Eso haría que la “San Silvestre Salmantina” quedara en el olvido. Cuando de pronto su voz: >. Y los kilómetros fueron pasando como los recuerdos de nuestra infancia: los juegos, el colegio, los amores y los entrenamientos; y en su sala los trofeos, menos éste, el que le faltaba.
Las lágrimas las contuve, igual ayer cuando supe del conductor ebrio que se lo llevó por delante. El trofeo está en mi mano, voy a despedirlo; sé que no podré llorar, ya que desde ayer: ¡llora la calzada!