Me despierto antes de que suene la alarma y ya voy tarde. Salto de la cama sin calentar, café a medias, ducha rápida y doy un beso fugaz. Dando zancadas llego a la parada, desayuno de pie, revisando mensajes mientras esquivo a otros cuerpos al sprint. El trabajo es una pista de obstáculos: llamadas urgentes, mensajes a contrarreloj y series de reuniones cronometradas. Al salir, paso por el supermercado, el carrito convertido en velocista buscando avituallamiento. Subo las escaleras de casa en tiempo récord, sin recuperar preparo la cena y estiro lo que puedo delante de la tele. En la cama, recibo un beso fugaz y me quedo dormida en la meta.
Hoy vi un anuncio de la San Silvestre de Salamanca y he pensado en apuntarme. Nunca había estado más preparada.