Esa carrera significaba tanto para él, que me ofrecà a acompañarlo, sabiendo que me condenaba a una hora larga de trote borriquero. –Lo importante es llegar –decÃa, mientras avanzábamos a ritmo cansino y dolorido, el único que sus piernas y su corazón permitÃan. Horas antes me habÃa contado que en su primera carrera, allá por el paleolÃtico, solo unos centenares de corredores tomaron la salida; que el año pasado fueron más de seis mil los que se calzaron las zapatillas; pero que de su grupo de edad apenas una docena completaron el recorrido. –Lo importante es llegar –repitió con orgullo de atleta veterano mientras cruzaba la lÃnea de meta, arropado por los aplausos y el cariño de los suyos. ¡Cuánta razón tiene! Lo importante es llegar… a los setenta y cinco… y seguir terminando carreras.